LA LOCURA DE LA CITY

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Todos sabemos que vivir en una gran urbe como Madrid conlleva que en muchos casos, te tengas que cruzar media ciudad para llegar a tu lugar de trabajo. Lo que supone un estrés extra. Si a esto le sumamos la cantidad de señales a las que nos vemos, inconscientemente, expuestos a lo largo del día. Podemos afirmar que nuestra vida se convierte en jungla.

Adoro mi ciudad (salvo la contaminación y los atascos). Pero de un tiempo a esta parte, y más ahora que voy por la vida en mi burbuja particular, siento la locura en la que vivía de lunes a viernes.

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Hace una semana, en mi camino hacia el curso de fotografía. Tomé el metro, y sin cobertura ni 3g en el móvil, y sin libro en mano, comencé a observar lo que me rodeaba. De primeras la sensación que sentí fue de alegría y plenitud. Un vagón repleto con caras sonrientes, la jornada laboral terminada y retornando a casa. Hasta ahí todo me cuadraba.

De pronto, en un transbordo obligado, la muchedumbre sale cual jauría a pasar su ticket por los tornos. Empujones, malas caras, resoplidos… Se agolpan en mi espalda. El tren de enfrente SIEMPRE espera a recogernos a todos los que venimos del andén de enfrente. Por eso no entendía ese cambio de actitud. Sentía que si hubiesen podido, me hubieran saltado por encima de la cabeza. Ahí comenzó mi reflexión sobre “La locura de la city”.

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Me veía reflejada en ellos. Ese salir del trabajo con hora para entrar en clase de pilates, ir a la compra, recoger al peque… Esa esclavitud a un horario impuesto y complicadísimo de cumplir en una gran ciudad. Ese alargar el día hasta caer exhaustos en el sofá.

De nuevo, tomé asiento en el nuevo tren. Una retahíla de paradas de tranquilidad en las que volvieron las sonrisas. Todos habíamos conseguido nuestro objetivo: Transbordo al tren de enfrente sin esperar un minuto más.

Ya en mi parada, y aún saliendo casi enfrente del pasadizo que da a las escaleras mecánicas, siento de nuevo la vorágine. Me sitúo en el lado derecho de las escaleras, para dejar paso a los que continúan su trayecto por la izquierda sin descanso alguno. De repente, un transeúnte se para en seco y el resto de la fila le sigue obligado. A mi lado una chica no para de resoplar y mover la cabeza como diciendo “venga hombre, que no llego…”. Dos segundos después, la fila puede continuar su andanza hacia la cima por las escaleras mecánicas. Y yo hago una mueca, abro bien los ojos y giro la cabeza.

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Sí, mueca de perplejidad , porque me veo reflejada en la chica que resopla. Pero por una vez lo observo desde la barrera. La mueca desemboca en un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, al pensar que llevo toda mi vida envuelta en la vorágine. Pues aunque desde hace unos añitos me niego a llevar reloj. Inconscientemente no paro de mirarlo. En el móvil, el ordenador, las señales de la calle, la muñeca del de al lado… Llevo toda mi vida esclava de los horarios y las prisas. Queriendo abarcar mucho sin saborear el camino. Incluso estando en un sitio físicamente, pero mentalmente en otro u otros.

Nunca antes lo había percibido con tanta claridad. Quizás porque cuando uno está dentro ni se lo plantea. Si la inmensa mayoría lo hace, es porque será lo normal. Y si algo es normal para qué replanteárselo, no?.

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Sé que cuando nazca el bichillo SEGURO que la vorágine intenta apoderarse de mí. Y no prometo que no vuelva a sentirme a gusto en ella. Pero después de la visión del otro día, por lo menos seré consciente de que existe otra vida en la gran ciudad. Que la vorágine está en uno mismo. Y que puedo elegir.

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Madrid y cualquier gran ciudad, puede presentar la cara que uno desee. Simplemente hemos de cambiar nosotros al percibirla. Todas las fotos del post son de la ciudad de Madrid, en sus diferentes versiones. Tú eliges.

VOLVEMOS A NAVEGAR! Feliz día!!! Un poquito de marcha para ese martes. ;-)).

 

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11 pensamientos en “LA LOCURA DE LA CITY

  1. No podría estar más de acuerdo.
    Cada vez que bajo estoy sin smartphone por una/s semana/s y cuando a miro a mi alrededor en el metro solo veo caras que reflejan pantallas….Pero creo que cuando dejan de mirar se convierten un poco más en pantallas.
    disfruta de la semana y el estres para quien lo quiera :)

    • Verdad que sí!!! Pero al final Madrid tiene muchas caras… Solo que en el día a día vamos como locos y solo vemos (porque ya ni observamos) una. Un besote y lo mismo para ti!!! Feliz semana!!!

  2. Jo Nat, qué grandísima reflexión. Yo no voy en transporte público, pero me pasa igual en el coche… si uno delante va más lento, resoplo; el semáforo que está en rojo, repiqueteo de los dedos en el volante; mirando el reloj del salpicadero y calculando los minutos para llegar. Siempre con prisas a todas partes: a dejar a los niños, a recoger a los niños, a la cena, a los baños, al trabajo, de reunión en reunión… incluso mis dedos ahora sobre el teclado van a mil, porque tengo las prisas metidas en el cuerpo y casi no sé hacer las cosas de otra manera. Llega al punto que cuando salgo a pasear, mi Hombre tiene que agarrarme de la mano y pararme, porque voy a toda prisa! De paseo!!
    Y estoy tan inmersa que la mayor parte del tiempo ni siquiera soy consciente de que no paro de correr, hasta que como dices, caigo desplomada en el sofá a una hora indecentemente tarde.

    Sabes qué es lo curioso? Esto es Madrid. Esto pasa en las grandes ciudades. Te has dado cuenta que cuando se lo dices a alguien de fuera… flipan??? Tengo familia y amigos en Sevilla, Vigo, Oviedo, Valencia…. viviendo en las capitales, y no viven esto. Creo que es una enfermedad de madrileños!!

    • Muy buenas Yo! Sí, la verdad es que se trata de una enfermedad de las grandes ciudades. A mí también mi chico me tiene que sujetar para ir más lenta. Y más ahora que me ahogo en cuanto cojo una cuesta. Jejeje… Por eso, dicho día me sorprendió verme así. Porque, como bien dices, yo soy una más de la vorágine. Y en el coche más si cabe.

      Así que, aunque no podamos evitarlo, por lo menos ser conscientes de que existe otra vida… jejejej…
      Un besazooo

  3. Que razón tienes. A veces vamos resoplando a los sitios y sin disfrutarlos como se merece. Nos olvidamos de lo que realmente es importante por lo urgente. Yo tambien soy de las que va andando a toda prisa de un sitio a otro y a veces echo de menos lo de sentirte turista en tu ciudad. Cogerse ratos para recorrerla con calma. Para disfrutarla. Prometo intentarlo :)

  4. He sentido lo mismo que explicas en mi día a día en Barcelona.
    Ahora tengo la suerte de poder ir caminando al trabajo, vivo fuera de la ciudad, pero a pesar de eso, las caras largas y la impaciencia la sigo viendo a primera hora de la mañana, desde fuera, desde mi calma… Tengo la esperanza de no volver a esa vorágine y disfrutar de las grandes ciudades como un ciudadano a quien le apetece disfrutar de rincones que no conoce. Me ha encantado tu post. Un abrazo.

    • Es todo un lujo poder vivir en una gran ciudad e ir paseando al trabajo. Disfrútalo desde tu calma y de la ciudad desde esa nueva perspectiva. Un besote

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