REFLEXIÓN: Viajando en metro

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Desde que era pequeña siempre recuerdo ir en transporte público con mi madre y abuelos. A ti papá, te recuerdo más en coche, que se le va a hacer.

El caso es que tengo muchos flashes de aquellos viajes. De ese “sujetate bien”, de aquel “agarra a tu hermano” y del  “deja sentarse al señor/a”. Esos días de lluvia en los que los cristales se empañan y parece que te encuentres en una nave espacial, porque de repente todo es mucho más pequeño y la única luz que ves es la del interior. Y por supuesto, ese querer llegar como los mayores a sujetarte en la barra de arriba.

Recuerdo que de peques éramos más usuarios de autobús que de metro. Así podía ir descubriendo calle a calle los rincones de Madrid. Yo creo que por eso ahora me conozco tantos recovecos de mi ciudad. Cuando mis amigos me preguntan cómo domino las calles, las líneas de metro y autobuses, yo les contesto siempre lo mismo: “Viajen en autobús y metro siempre que puedan y observen a través de esos viajes”.

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Con la adolescencia el metro entró en mi vida, porque no hay atascos, con lo que más o menos sabes cuánto tardas de un punto a otro, y es el transporte público por excelencia de los a-d-o-l-e-s-c-e-n-t-e-s. Y la verdad que cambia mucho el público de metro al del autobús. De primeras, es raro encontrarte a personas muy mayores. Supongo que por las escaleras (aunque ya la mayoría tienen ascensor y escaleras mecánicas, pero siempre es un riesgo), y porque no deja de ser un laberinto bajo tierra.

En el metro, aunque cada día vamos más inmersos en nuestro mundo, ya sea móvil, tablet o libro, a mí me sigue chiflando observar a la gente, y de vez en cuando montarme mis películas con ciertas situaciones. Es un lugar en el que confluyen todo tipo de razas y tribus, así que imaginaros si no se pueden sacar historias para no dormir.

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Actualmente con eso de que en mi lugar de trabajo no queda cerca una parada de metro, soy más usuaria del coche. Por eso disfruto como una enana cuando cojo el metro. Y hoy ha sido uno de esos días de metro-disfrute-historia.

Estaba yo sumergida en mi libro de fotografía. Cuando de repente comienzo a escuchar un violín a lo lejos, pero por fin ¡un violín que sonaba a violín!. Subo la mirada y me encuentro con un chico de pelo largo, su violín y una melodía que te teletransportaba. Así que he cerrado los ojos y he disfrutado de ella, imaginándome que el músico en cuestión pertenece a una gran orquesta, pero que de vez en cuando baja al metro para deleitar a un público anónimo, y contemplar sus rostros y el efecto que su música produce en sus almas.

Le apasiona la música clásica y la escenografía en los grandes teatros. Pero últimamente echa de menos escucharse a sí mismo, solo, sin ningún artificio, frente a unos oyentes más cercanos e íntimos, a los que les pilla por sorpresa su música. Esa armonía, les envuelve dejando a un lado las preocupaciones del día. Pero ellos continúan con la mirada fija en su libro, con temor a abrir su alma al chico de pelo largo con coleta.

metro 2Y de ahí mi mente ha saltado a recordar aquellos artistas que en los años 80-90 pintaban verdaderas obras de arte con tiza sobre los suelos. Y os preguntaréis qué tiene que ver una cosa con otra… Pues nada, pero al parecer para mi subconsciente tienen conexión (jajajaj).

Que tengáis un gran día navegantes.

Hoy os dejo con una preciosa versión en una voz desgarradora:

-Fotos de: unplash-

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8 pensamientos en “REFLEXIÓN: Viajando en metro

  1. Me ha encantado tu comentario sobre el metro y tu punto de vista tan humano sobre un medio de transporte que, a simple vista, parece todo lo contrario. Tu forma de ver las cosas, ayuda a sacar oro de lo que, a simple vista, parece barro. Gracias

    • Bueno, tampoco es para tanto… QUe me sacas los colores… Jejeje… Creo que si observas con atención lo que ocurre a tu alrededor, siempre puedes sacar oro. Besotes

  2. Me ha encantado, y he descubieto en este blog, que nos pasa a las dos lo ismo en el metro.. Yo creo que te viene desde que eras bebé. Cuando te recogía en casa de la yaya y cogiamos el metro hasta Felipe II y desde ahí el autobús hasta Santa Eugenia. , lo haciamos de lunes a viernes desde que tenías 4 meses, hasta casi los 3 años. Como no te va a traer recuerdos, .aunque sea en tu subconsciente.

    • A sí? Pues ni me acordaba… Recuerdo más cuando cogíamos el 5 e íbamos al centro… Qué bueno lo que me cuentas… No tenía ni idea… Como dices se me habrá quedado en el subconsciente. Pero es verdad que gracias a esos viajes me conozco tan bien Madrid. Besotes

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