RUTA POR LA SIERRA DE MADRID: Garganta de los Montes

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El otoño es una de las épocas en las que más me gusta ir al monte a hacer alguna ruta de senderimo. Porque la temperatura es perfecta, los días no son tan cortos como en invierno, el colorido es impresionante y así la vuelta al cole es más llevadera.

Además, los que vivimos en Madrid, es cierto que no contamos con una playa, pero tenemos a tiro de piedra una Sierra extraordinaria. Así que os animo a que la conozcáis un poquito más a fondo. Yo por mi parte, aportaré mi granito de arena mostrando cada una de las rutas que haga. Porque Madrid no es solo La Cibeles, Neptuno y el Museo del Prado. Jejejej…

la Barranca.jpgLa sierra de Madrid que tengo “más controlada” es la de Guadarrama, no sé por qué desde que era pequeñita e iba con mis padres a hacer senderismo, mi vida en el monte fue dirigida hacia la Pedri, los Siete Picos, Navacerrada, Peñalara, el Escorial y Cercedilla. A pesar de haber estado en cada uno de ellos, me quedan aún una y mil rutas por descubrir, y las que vuelvo a pisar siempre tienen otra perspectiva. Vamos que nunca me canso de patear por nuestra preciosa sierra.
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Por eso este año decidimos que queríamos investigar y descubrir la Sierra Norte de Madrid. Así que en la última edición de la Feria del libro de Madrid, nos hicimos con un nuevo libro de nuestra colección de la editorial El senderista, uno sobre la Sierra Norte de Madrid. Sí, aún somos de los de papel y mapa impreso. Aunque últimamente el GPS del móvil nos aporta ese “toquecito” de orientación que nos hacía falta.

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De esta editorial, “El Senderista“, ya teníamos el que habla sobre la Sierra de Guadarrama, el cual es uno más en nuestras caminatas. Te explica con detalle, precisión y palabras de “a pie” el camino, y además te da pistas para no perderte. Que ya sabemos que la montaña es muy traicionera. Por eso optamos por la misma editorial para que nos descubriera la sierra Norte.

Nuestra primera incursión elegida, fue la RUTA 28 del libro. Un circuito circular que comienza y termina en el pueblo de Garganta de los Montes (situado en el Valle de Lozoya).

No es una ruta muy difícil, y sin embargo, es muy vistosa en esta época del año. Cuenta con un desnivel de 700 metros (esto para quien no entienda mucho, es bastante asequible), y prácticamente la totalidad del camino se hace por pista forestal (para los novatos, caminos anchos, pero ojo!!! no asfaltados).

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La ruta comienza en el pueblo, en concreto y como es normal en los pueblos, la referencia la Iglesia, sale una calle con pendiente que te lleva al Polideportivo, nosotros, este trayecto lo hicimos en coche, dejando el coche al lado de dicho Polideportivo. Una vez pertrechados, con amenaza de lluvia, pues la mensajera, la llovizna, ya la teníamos encima tomamos el camino ancho atravesando una puerta grande. Desconocemos cual es el deporte preferido del autóctono de Garganta de los Montes pero empezamos a ver a lo largo del camino una  especie de columpios de madera y hierro que nos recordaban a la “Chaqueta Metálica”. Aunque por su aspecto, yo diría que no son muy frecuentados.

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“Las vaques” nos ven pasar, y llegamos a un desvío, un poco despistados, vemos que a la derecha está un pequeño embalse y siguiendo el camino de la izquierda la vista se pierde en un pinar frondoso, tenemos que llegar al pinar, eso seguro. Cruzamos un puentecito, atravesando el Arroyo de Sardalinde, y a partir de allí, la vegetación va cobrando altura y frondosidad pudiendo disfrutar de esos colores del otoño entre robles, sauces y fresnos.

Disfrutando de la subida, haciendo a Garganta de los Montes más pequeñito, el ronroneo del agua nos lleva, agua de los riachuelos, de la llovizna, y de la niebla que nos ve desde lo alto, con esa sensación de montañero de no quitarle ojo por el rabillo, por si se le ocurriese darnos una sorpresa. Tras este primer tramo atravesamos una gran puerta metálica  Desde ahí si miramos frente a nosotros observamos el pico Regajo y el pinar se hace presente está ahí, y el camino nos da dos posibilidades, derecha o izquierda.

Y es que realizando en esta ruta nos dimos cuenta de lo distinta que es esta sierra con respecto a la de Guadarrama. En todo el camino no nos cruzamos con nadie.

4 profundidad de campo 4Volvemos a tomar la desviación de la derecha ” y a ras” como diría Moya, el fiel escudero de Carlos Sainz en los rallies, y ya si, nos adentramos en el bosque de pinos.

El camino tiene un punto continuo de subida, que no es intenso, pero ahí donde termina la espalda se nota. Vemos pinos, las cumbres de los picos de alrededor siguen abrazadas a la niebla, y se debían de querer mucho porque no tenía pinta que se soltaran.

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Y por supuesto setas, de colores, tamaños, y formas que tu quieras, alguna había que te daban ganas de agacharte para llamar a la puerta de papa pitufo. Nosotros no somos seteros, nuestro desconocimiento nos lleva a respetarlas al máximo, e incluso no hacer la gracia de pisarlas, arrancarlas, o cualquier perrería que puedan hacer los energúmenosdomingueros (si, todo junto), cuidado con las setas por favor!

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Seguimos subiendo, en el punto de mira el Pico Regajo, pero nos vamos a quedar con las ganas, a unos 1.700 metros la niebla nos hace un guiño, y la verdad, a mí con que me lo haga una vez me es suficiente para saber que no soy bienvenida, así que tomamos una pista forestal que hace de cuerda de la montaña, tranquis, la cuerda es el perfil de la montaña. Por ella, vamos en paralelo a la cima, dejándola a la izquierda.

Y en este punto, es cuando se divisa la inmesidad del paisaje. Y se respira toda la paz y tranquilidad que estábamos buscando al salir de la “city”… Ah!!! y por supuesto se come uno su bocadillo o tentempié bien merecido.

La cuerda no se hace larga, y llegamos a una vaya metálica que separa el municipio, y solo queda ir hacia abajo por una pendiente respetable con un suelo lleno de piedras sueltas. Aquí pretendemos hacer un alto en la caminata, para el bocata sacrosanto y echar un agua, al momento de sentarnos y sacar la cantimplora nuestra amiga la niebla nos da otro toque de atención, un poco más serio, así que Mr. Poti mete prisa para bajar, con lógica, pues de repente bajó la niebla bastante. Había dos opciones (como siempre en la montaña) deshacer el camino y seguir el camino. Decidimos seguir el camino, aunque muchas veces lo más lógico es deshacer el camino (si has ido tomando puntos de referencia) y no perder la orientación. Empezamos a bajar, pronunciadamente,  aunque parezca extraño, a mí se me da fatal. También es verdad que el dolor de rodilla no ayuda mucho.garganta de los montes 4Y Garganta de los Montes de se más pequeñito desde lo alto, la niebla se levantó al rato, que traicionera es la puñetara…

Por cierto, Mr. Poti decidió bajar por un simple razonamiento, en el libro decía que el descenso se hacía siempre con la valla a la derecha y por mucha niebla que hubiese la valla se veía o se palpaba.

Una vez abajo, te dejas caer a la derecha, camino grande, pista, que te lleva a una puerta metálica, la cruzamos y un buitre negro nos hecha un vistazo, desde cerca, pero no creo que fuéramos de su gusto. Continuamos por la pista y cruzamos otra puerta metálica y vemos a la izquierda la mancha amarilla en el fondo verde, la foto lo dice todo.

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Continuamos hasta llegar a una carretera sin asfaltar, donde puedes ver carteles y puntos kilométricos de “ruta del Lozoya”, aquí Mr. Poti era un libro abierto, pensando que todas esas rutas, las podía hacer en bici de montaña (como se suele decir, cada uno a lo suyo).

Tomando esta carretera o pista ancha, pasas por unos columpios y ya aquí nos cruzamos con dos familias, con enanos que iban montados en un par de burros, con cascos puestos (la seguridad lo primero) y dos monitores (o Burreros) tirando del animal que soportaba a dos niñas, y digo soportaba por que estaban berreando como si se les hubieses quemado la Barbie… Mr. Poti, no paró de sonreir, ni yo tampoco, porque la escena era digna de ver, sobretodo cuando nosotros (los casi cuarentones) montábamos en burro sin casco ni silla ni nada…que tiempos aquellos.

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Y antes de llegar al coche, nos encontramos con otros amigos (ver fotos de abajo) borriquitos, y mulos, Mr. Poti fue directo al muro y no tardaron ni un minuto en acercarse pues seguro que sabían que, por lo menos caricias se llevarían, y claro, se las llevaron.garganta de los montes 7

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Ya en el pueblo, uno no se puede ir sin tomar una cervecita, bien merecida!!! con su aperitivito, mientras su respiración y piernas se van haciendo al descanso.

Y hasta aquí por hoy. Con un planazo para el sábado o domingo por la mañana, y así huir del ruido de la gran ciudad. Eso sí, la montaña siempre con cabeza.

QUE TENGÁIS UN BUEN MARTES. Pero ya sabes, ni te cases ni te embarques ;-).

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2 pensamientos en “RUTA POR LA SIERRA DE MADRID: Garganta de los Montes

    • Pues es una maravilla. Mucha menos gente, pueblos rústicos rústicos y una belleza en su paisaje especial. Así que ya sabéis… Nunca es tarde si la dicha es buena. Besotes

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